Ashwagandha: la planta adaptógena que me ayudó con el estrés

Siempre tuve una piel normal. Ni muy seca ni muy grasa. Me ponía cualquier crema y listo. No le daba más vueltas.
Hasta que llegó la perimenopausia.
De repente, mi piel empezó a cambiar. Se volvió seca, tirante, áspera. Empecé a tener picor en zonas donde nunca lo había tenido. La cara se me enrojecía con facilidad. Y las cremas que usaba de siempre dejaron de funcionarme.
Al principio pensé que era algo puntual. Un mal momento de la piel. Pero cuando los meses pasaban y la cosa empeoraba, entendí que era algo más profundo.
Era la menopausia cambiando mi piel desde dentro.
La caída de estrógenos afecta directamente a la piel. El estrógeno ayuda a mantener la piel hidratada, elástica, y con buena producción de colágeno.
Cuando baja, pasan varias cosas:
No es que te estés cuidando peor. Es que tu piel ha cambiado. Y necesita cosas diferentes.
Sequedad extrema
La piel de las piernas y los brazos estaba constantemente seca. Áspera al tacto. Con esa sensación de tirantez que no se iba ni echándome crema.
La cara también. Tirante, escamosa en algunas zonas (sobre todo alrededor de la nariz y en las mejillas).
Picor constante
Este fue de lo más molesto. Picor en las piernas, en los brazos, en la espalda. Sobre todo por la noche. Me rascaba sin parar y eso empeoraba todo.
Piel más fina y sensible
Notaba la piel más frágil. Me salían moratones con facilidad. Y reaccionaba mal a productos que antes usaba sin problema.
Rojeces y reactividad
La cara se me ponía roja con facilidad. Con el frío, con el calor, con ciertos productos. Como si mi piel estuviera siempre irritada.
Cremas baratas del supermercado
Al principio pensé que echándome más crema se solucionaría. Compré cremas hidratantes normales, de las de siempre.
No funcionaron. Se absorbían rápido y la piel seguía igual de seca.
Exfoliar más
Leí que exfoliar ayudaba a eliminar células muertas y que la crema penetrara mejor. Lo hice. Y empeoré.
Mi piel estaba tan sensible que exfoliar la irritaba más. Se ponía roja, reactiva, y el picor aumentaba.
Jabones normales
Seguía usando el gel de ducha de siempre. Error. Los jabones normales resecan todavía más la piel.
1. Cambiar el gel de ducha
Dejé los geles normales y pasé a:
Esto cambió mucho. La piel dejó de salir tan tirante después de la ducha.
2. Hidratar con aceites vegetales
Las cremas normales ya no me funcionaban. Pasé a usar aceites vegetales directamente sobre la piel húmeda después de la ducha:
Los aplicaba sobre la piel todavía húmeda, después de la ducha. Así se absorben mejor y sellan la hidratación.
3. Cremas ricas específicas para piel madura
Busqué cremas específicas para piel madura y seca. Con ingredientes como:
Estas cremas son más caras, sí. Pero funcionan. No hace falta usarlas en todo el cuerpo, solo en las zonas más problemáticas.
4. Beber más agua
Parece obvio, pero importa. La hidratación empieza desde dentro.
Empecé a beber más agua durante el día. No litros y litros, pero sí lo suficiente. Y la piel lo notó.
5. Humidificador en invierno
La calefacción reseca mucho el ambiente. Puse un humidificador en el dormitorio por las noches.
Esto ayudó con el picor nocturno. Dormía mejor y me rascaba menos.
6. Suplementos de omega-3 y onagra
Ya te conté que tomo onagra de vez en cuando. Ayuda a hidratar la piel desde dentro.
También omega-3 (pescado azul o suplementos). Mejora la elasticidad y reduce la inflamación.
7. Evitar agua muy caliente
Me encantaba la ducha bien caliente. Pero eso reseca la piel todavía más.
Empecé a ducharme con agua tibia. Y a no estar tanto tiempo bajo el agua.
8. No rascar
Cuando tienes picor, rascar es lo único que quieres hacer. Pero empeora todo. Irrita más la piel, rompe la barrera cutánea, y el picor vuelve peor.
Aprendí a calmar el picor de otras formas:
9. Ropa de algodón
La ropa sintética empeoraba el picor. Pasé a usar ropa de algodón, especialmente la que está en contacto directo con la piel.
También evité suavizantes fuertes en la lavadora. A veces irritaban la piel.
10. Protección solar siempre
La piel madura es más vulnerable al sol. Empecé a usar protección solar todos los días en la cara, incluso en invierno.
Esto ayuda a prevenir manchas, envejecimiento prematuro, y protege la piel que ya está más frágil.
Por la mañana:
Por la noche:
Cuerpo:
Suplementos:
La piel cambia en la menopausia. Y no va a volver a ser como antes. Pero puedes cuidarla de forma que esté sana, confortable, hidratada.
No hace falta gastarte una fortuna. Pero sí necesitas ajustar lo que usas. Las cremas de antes ya no sirven. Tu piel necesita más hidratación, más nutrición, más cuidado.
Y sobre todo, más paciencia.
Los resultados no son inmediatos. Pero si eres constante, la piel mejora. Se calma. Se hidrata. El picor disminuye.
Y te sientes mejor en tu propia piel.
Comentarios
Publicar un comentario