Nadie me avisó de esto: mi entrada a la perimenopausia
Ojalá alguien me hubiera dicho que esto iba a pasar.
No de forma médica, no con una lista de síntomas en un folleto. Me refiero a que alguien una amiga, mi madre, cualquier mujer me hubiera mirado a los ojos y me hubiera dicho: "Hay un momento en el que tu cuerpo empieza a cambiar de una manera que no vas a reconocer, y vas a necesitar entender qué es para no perder la cabeza."
Nadie lo hizo. Y yo tardé más de lo que me gustaría en entender lo que me estaba pasando.
Este blog nace de eso. De la necesidad de que otras mujeres encuentren lo que yo no encontré: una voz cercana, sin batas blancas, que les diga "sí, a mí también me pasó".
El momento en que todo empezó a no encajar
No fue un día concreto. No me desperté un lunes sintiéndome diferente. Fue algo más lento, más traicionero.
Empecé a dormir mal. No el insomnio dramático que uno imagina simplemente dejé de llegar al sueño profundo. Me despertaba a las tres de la mañana con el corazón acelerado y una sensación extraña de alerta, como si esperara que algo malo fuera a pasar. Y no pasaba nada. Solo yo, el techo y ese silencio incómodo.
Después llegó la irritabilidad. Una irritabilidad que no era la mía. Me enfadaba por cosas pequeñas con una intensidad desproporcionada, y luego me sentía fatal por ello. Pensé que estaba estresada. Pensé que era el trabajo. Pensé que era mi carácter.
No era ninguna de esas cosas.
"Quizás es ansiedad", me dijeron
Fui al médico cuando la niebla mental se instaló de verdad. Así lo llamo yo: niebla mental. Esa sensación de buscar una palabra que conoces perfectamente y no encontrarla. De entrar a una habitación y no saber por qué. De leer un párrafo tres veces y no retener nada.
Me hicieron analíticas. Todo normal. Me preguntaron si tenía estrés. Les dije que sí, porque, ¿Quién no? Me hablaron de ansiedad. Me fui a casa con más dudas que respuestas.
Lo que nadie me preguntó fue cuántos años tenía y si mis ciclos habían cambiado.
La palabra que lo cambió todo: perimenopausia
La encontré casi por casualidad, leyendo un artículo en internet a las dos de la madrugada, en uno de esos despertares nocturnos que ya se habían vuelto rutina.
Perimenopausia. El período de transición antes de la menopausia. Puede durar años. Puede empezar a los 40, o antes. Los niveles de estrógeno fluctúan de manera irregular, y eso afecta al sueño, al humor, a la memoria, a la temperatura corporal, a la ansiedad, al deseo, a la piel...
Mientras leía, fui haciendo una lista mental. Esto, sí. Esto también. Y esto. Y aquello que pensé que era otra cosa.
Recuerdo que me eché a llorar. No de tristeza o no solo de tristeza sino de alivio. Tenía un nombre. No estaba perdiendo la cabeza. No era "solo estrés". Había una explicación biológica para todo lo que llevaba meses sintiendo, y esa explicación tenía tratamiento, tenía comunidad, tenía mujeres al otro lado que habían pasado por lo mismo.
Por qué escribo esto
No soy médica. No voy a darte diagnósticos ni recetas. Lo que voy a hacer es contarte, con toda la honestidad que pueda, cómo ha sido y está siendo este proceso para mí.
Voy a hablar de los síntomas que nadie menciona en voz alta. De la relación con mi cuerpo cuando ya no lo reconozco. De las noches malas y las mañanas en que todo parece más llevadero. De lo que me ha ayudado y de lo que no.
Y voy a hacerlo porque sé que hay muchas mujeres ahí fuera que están donde yo estaba: confundidas, cansadas, sintiéndose solas en algo que en realidad nos pasa a muchísimas.
Si estás en ese punto, quiero que sepas que has llegado al lugar correcto.
Bienvenida. Aquí no estás sola. 🌿
¿Te has reconocido en algo de lo que has leído? Cuéntamelo en los comentarios. Me encantaría saber tu historia.

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