Ashwagandha: la planta adaptógena que me ayudó con el estrés
No porque no quisiera. Sino porque cada vez que lo intentaba, la respuesta que recibía me dejaba más sola que antes. Un "pero si estás bien", un "todas las mujeres pasan por esto", un silencio incómodo que decía más que cualquier palabra.
Y yo me callaba. Y guardaba. Y seguía adelante como si nada.
Hasta que me cansé.
Tardé en darme cuenta de esto.
Cuando hablaba de mis síntomas desde el agotamiento y la frustración que era casi siempre, porque estaba agotada y frustrada la conversación se convertía en una queja. Y las quejas generan defensas. La otra persona se ponía a la defensiva o intentaba quitarle hierro, y yo me sentía incomprendida y me cerraba.
No era culpa suya del todo. Tampoco mía. Era que ninguno de los dos teníamos las herramientas para tener esa conversación bien.
Lo que cambió fue aprender a hablar de esto de otra manera. No desde la queja sino desde la información. No desde el "estoy fatal" sino desde el "esto es lo que me está pasando y esto es lo que necesito".
No tengo un guión mágico. Pero sí tengo algunas frases que me ayudaron a ser escuchada sin generar resistencia:
En lugar de: "Estoy agotada y nadie me entiende" Decir: "La perimenopausia está afectando mucho a mi sueño últimamente y necesito más comprensión en casa"
En lugar de: "Me pones nerviosa por todo" Decir: "Mi umbral de tolerancia está bajo por razones hormonales, necesito que tengamos conversaciones más tranquilas"
En lugar de: "No me apetece nada" Decir: "Estoy en una etapa en que mi energía y mi deseo fluctúan mucho, no es contigo"
No es manipulación. Es comunicación. Dar contexto cambia completamente cómo se recibe lo que dices.
Algo que me ayudó muchísimo fue llegar a las conversaciones con información.
Cuando le explicaba a alguien qué es la perimenopausia, qué pasa con el estrógeno, por qué afecta al humor y al sueño y a la memoria la conversación cambiaba. Dejaba de parecer una queja personal para convertirse en algo comprensible y concreto.
La información quita el dramatismo. Le da a la otra persona algo a lo que agarrarse. Y a ti te da autoridad sobre tu propia experiencia.
Hay personas que no van a entender. Por más que expliques, por más información que des, habrá quien minimice, quien cambie de tema, quien te diga que te estás obsesionando.
Y está bien. No todo el mundo tiene que entenderlo.
Lo que aprendí es que no necesito la validación de todo el mundo para saber que lo que siento es real. Me basta con las personas que sí escuchan. Con mi pareja cuando decidimos hablar de verdad. Con amigas que están pasando por lo mismo. Con espacios como este blog, donde podemos decir las cosas sin filtros.
No tienes que convencer a nadie de que tu experiencia es válida. Ya lo es. 💛
Si alguien te ha llamado exagerada por hablar de tus síntomas no lo eres.
Lo que sientes es real. Lo que vives es real. Y merece ser contado, escuchado y respetado.
A veces el primer paso es contártelo a ti misma. Darte permiso para decir "esto me está costando" sin añadir inmediatamente un "pero podría ser peor".
Podría ser peor. Y también está siendo difícil. Las dos cosas son verdad. 💛
¿Te has sentido alguna vez incomprendida cuando intentabas hablar de esto? ¿Cómo lo gestionaste? Cuéntamelo en los comentarios.
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