Ashwagandha: la planta adaptógena que me ayudó con el estrés
Le pasan también a las personas que conviven contigo. A tu pareja, que de repente se encuentra viviendo con alguien que duerme mal, que tiene cambios de humor, que a veces se siente distante y otras veces necesita más apoyo del habitual sin que nadie le haya dado un manual para entender qué está pasando.
Durante mucho tiempo no hablamos de esto en casa. Y ese silencio lo complicó todo más de lo necesario.
Intento ponerme en su lugar y lo veo claramente.
De repente, la persona con la que llevaba años conviviendo había cambiado. No de manera dramática, no de un día para otro pero había cambiado. Tenía menos energía. Se irritaba más fácilmente. Algunas noches se despertaba y ya no volvía a dormirse. Había momentos en que parecía estar en otro sitio aunque estuviera físicamente presente.
Y él no sabía por qué. Nadie se lo había explicado. Quizás pensaba que era algo que había hecho, que era algo entre nosotros, que yo ya no estaba bien en la relación.
No era nada de eso. Pero sin comunicación, los silencios se llenan de suposiciones. Y las suposiciones suelen ser peor que la realidad.
Hubo un momento en que decidí hablar.
No fue fácil. Hay algo en esta etapa que te hace sentir vulnerable, que te da vergüenza admitir que tu cuerpo está cambiando de maneras que no controlas. Que el deseo fluctúa. Que hay días en que no quieres que te toquen y otros en que necesitas más cercanía que nunca.
Pero lo hice. Me senté con mi pareja y le expliqué lo que estaba pasando. Le hablé de la perimenopausia, de los síntomas, de lo que sentía por dentro. Le dije que no era él, que no era la relación era mi cuerpo en transición.
Y algo cambió. No todo de golpe, no mágicamente. Pero cambió.
La menopausia nos obligó a hablar de cosas que quizás llevábamos tiempo sin hablar. De cómo nos relacionamos. De lo que necesitamos cada uno. De cómo apoyarnos sin invadirnos.
Algunas cosas que nos ayudaron:
Informarle. Compartir artículos, explicarle los síntomas, quitarle el misterio a lo que estaba pasando. Cuando entendió que la irritabilidad tenía una base hormonal, dejó de tomársela como algo personal.
Pedirle lo que necesitaba. Que no interpretara mi distancia como rechazo. Que me diera espacio cuando lo necesitaba y cercanía cuando lo pedía. Que tuviera paciencia con mis noches malas.
Hablar de la sexualidad. Este es quizás el tema más delicado y el más importante. Los cambios hormonales afectan al deseo y a la comodidad física. Ignorarlo no lo hace desaparecer hablarlo permite buscar juntos nuevas formas de intimidad.
Reconocer su esfuerzo. Convivir con alguien en esta etapa no es fácil. Mi pareja también lo estaba pasando a su manera. Reconocerlo y agradecerlo marcó una diferencia enorme.
Primero, no estás sola — es más común de lo que parece.
Muchas parejas no entienden la menopausia porque nadie les ha hablado de ella. No es falta de amor, es falta de información. Y eso se puede cambiar.
Si no sabes cómo empezar la conversación, empieza por aquí: "Quiero contarte lo que me está pasando porque quiero que lo entendamos juntos." No como una queja, no como una acusación como una invitación.
La menopausia puede ser una etapa que os distancie o puede ser una etapa que os acerque de una manera nueva y más honesta. Depende mucho de si la atravesáis en silencio o con las cartas sobre la mesa. 💛
¿Cómo ha vivido tu pareja esta etapa? ¿Habéis podido hablar de ello? Me encantaría leer tu experiencia en los comentarios.
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