Los síntomas que pensé que eran otra cosa
Los síntomas que pensé que eran otra cosa
Durante mucho tiempo tuve una lista mental de cosas que me pasaban y no entendía.
No era una lista escrita. Era una acumulación silenciosa de pequeñas señales que iba guardando sin saber muy bien qué hacer con ellas. Cada una, por separado, parecía tener su propia explicación lógica. Juntas, formaban un puzzle que tardé demasiado en completar.
Hoy quiero hablar de esos síntomas. Los que no salen en los titulares cuando buscas "menopausia" en Google. Los que confundí con estrés, con carácter, con edad, con cualquier cosa menos con lo que realmente eran.
1. La ansiedad que apareció de la nada
Yo no era una persona ansiosa. O al menos no lo había sido hasta entonces.
De repente empecé a tener una sensación de tensión interna que no sabía de dónde venía. No era preocupación por algo concreto — era una especie de zumbido de fondo, una alerta constante sin motivo aparente. A veces se disparaba por las noches, justo cuando intentaba dormir.
Pensé que era estrés laboral. Pensé que era la época. No lo era era la fluctuación del estrógeno afectando directamente a mi sistema nervioso.
2. El insomnio que no parecía insomnio
No era que no pudiera dormir. Era que dejé de dormir bien.
Me quedaba dormida sin problema pero me despertaba a las tres o las cuatro de la madrugada, completamente despejada, con el corazón ligeramente acelerado. Y luego tardaba una hora o más en volver a dormirme o ya no lo conseguía.
Por el día tenía un cansancio diferente al normal. No el cansancio de haber dormido poco, sino algo más profundo, más pesado.
Lo achaqué a mil cosas. Nunca pensé que fueran las hormonas.
3. La niebla mental
Este fue el síntoma que más me asustó.
Empecé a olvidar palabras. No palabras raras palabras cotidianas que llevaba usando toda la vida. Me quedaba a mitad de una frase buscando un término y no llegaba. Entraba a una habitación y no recordaba para qué había ido. Leía un párrafo y al llegar al final no recordaba el principio.
Pensé que algo iba mal. Pensé en lo peor. Fui al médico asustada y me dijeron que estaba bien, que quizás era estrés.
Nadie me preguntó por mis hormonas. Nadie mencionó la perimenopausia.
La niebla mental es uno de los síntomas más comunes y menos conocidos de esta etapa y una de las cosas que más solas nos deja, porque da miedo y no hablamos de ello.
4. Los cambios de humor sin explicación
No era tristeza exactamente. Era algo más difuso.
Días en que me sentía apagada sin razón. Momentos de irritabilidad desproporcionada que me sorprendían a mí misma. Una sensación a veces de distancia, como si mirara mi propia vida desde lejos sin poder conectar del todo con ella.
Lo interpreté como depresión leve, como bajón de ánimo, como que necesitaba unas vacaciones.
El estrógeno tiene un papel directo en la regulación del estado de ánimo cuando fluctúa de manera irregular, el humor lo nota. Pero nadie me lo había explicado así.
5. La sensación de calor que no eran sofocos
Siempre había escuchado hablar de los sofocos como algo muy dramático y evidente. Yo no tenía eso o eso creía.
Lo que tenía era una sensación de calor repentino, sobre todo por las noches, que me hacía destaparme y luego volver a taparme. A veces sudoración leve al despertar. Nada escandaloso, pero suficiente para interrumpir el sueño.
No lo relacioné con los sofocos porque no encajaba con lo que yo imaginaba que eran.
Lo que quiero que te lleves de este artículo
Si estás leyendo esto y te reconoces en alguno de estos síntomas, quiero que sepas dos cosas:
Primera: no estás exagerando. No es estrés. No es solo el carácter. Tu cuerpo te está hablando y merece que alguien te escuche.
Segunda: ponerle nombre lo cambia todo. Cuando supe que todo esto tenía una explicación hormonal, dejé de tenerle miedo. Empecé a buscar cómo acompañarme mejor y eso marcó una diferencia enorme.
No estás sola en esto. Aquí estamos muchas. 💛
¿Cuál de estos síntomas fue el que más te desconcertó? Cuéntamelo en los comentarios.

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