Ashwagandha: la planta adaptógena que me ayudó con el estrés
Hay temas de los que cuesta hablar. Incluso cuando sabes que no eres la única persona a la que le pasa, incluso cuando entiendes que es normal, hay algo que te frena. La libido es uno de esos temas.
Durante mucho tiempo pensé que era cosa mía. Que algo no funcionaba bien en mí, en mi relación, en mi cabeza. Y me callaba. Hasta que empecé a entender que esto también es parte del proceso. Y que callarlo no lo arregla, solo lo hace más pesado.
No fue de golpe. Fue una acumulación lenta de meses en los que simplemente… no me apetecía. Y no era que estuviera enfadada, ni cansada de más, ni con problemas en la relación. Era otra cosa. Era como si ese interés, esa chispa, se hubiera apagado sin avisar.
Al principio lo achaqué al estrés. Luego al cansancio. Después pensé que era normal, que llevábamos años juntos y estas cosas pasan. Pero en el fondo sabía que no era solo eso. Era algo más profundo, más corporal. Mi cuerpo había cambiado de prioridades sin pedirme permiso.
Cuando empecé a leer sobre perimenopausia y menopausia, encontré mucha información sobre sofocos, sobre insomnio, sobre cambios de humor. Pero sobre la pérdida de libido, casi nada. O si aparecía, era de forma superficial, como una nota al pie. Como si no fuera importante.
Y es importante. Porque afecta a tu relación de pareja, a cómo te sientes contigo misma, a tu identidad como mujer. Y sobre todo, porque cuando no lo entiendes, te sientes culpable.
Lo que me hubiera gustado saber antes:
1. Es hormonal, no mental
La caída de estrógenos afecta directamente al deseo sexual. No es que "ya no quieras a tu pareja" ni que "te hayas vuelto fría". Es que tus hormonas están en otra frecuencia. Entender esto me quitó mucha culpa de encima.
2. No eres menos mujer por esto
Durante un tiempo sentí que perdía parte de mi identidad. Como si dejar de sentir deseo me convirtiera en alguien que no era yo. Pero la sexualidad no define quién eres. Cambia, como cambian otras cosas en esta etapa. Y eso no te hace menos válida.
3. La sequedad vaginal lo empeora todo
Cuando hay molestias físicas, el cuerpo se cierra. Es normal. Si algo te duele o te incomoda, tu cerebro no va a querer repetirlo. Resolver la parte física ayuda más de lo que pensaba.
4. El deseo no desaparece para siempre
Hay días mejores y días peores. A veces vuelve solo, a veces necesita un empujón. Pero no es un interruptor que se apaga y ya. Es algo que fluctúa, que se transforma.
Hablarlo con mi pareja
Esto fue lo más difícil y lo más necesario. Porque el silencio solo genera distancia. Cuando le expliqué lo que me estaba pasando, dejó de tomárselo como algo personal. Y eso cambió todo.
Cuidar la parte física
Usar lubricantes naturales, tratar la sequedad vaginal, darme tiempo. A veces el cuerpo necesita más preparación, más paciencia. Y está bien.
Dejar de forzarme
Durante un tiempo intenté "hacer como si nada", pensando que si lo hacía aunque no me apeteciera, volvería el deseo. No funciona así. Solo me hacía sentir peor. Aprendí a respetar lo que mi cuerpo me pedía, sin culpa.
Explorar otras formas de conexión
La intimidad no es solo sexo. Es cercanía, es hablar, es tocarse sin expectativas, es estar presente. A veces eso es más importante que el acto en sí.
Consultar con profesionales
Hablé con mi ginecóloga. Me explicó opciones: desde tratamientos hormonales hasta productos tópicos. Saber que había soluciones posibles me tranquilizó, aunque al final elegí ir despacio y probar primero otras cosas.
La libido puede cambiar en esta etapa. Y está bien. No significa que algo esté roto en ti, ni en tu relación. Significa que tu cuerpo está transitando un cambio grande y necesita tiempo, comprensión y honestidad.
Hablarlo me costó. Pero callarme me costaba más. Y hoy sé que no estoy sola en esto. Que hay miles de mujeres pasando por lo mismo, sintiéndose igual de perdidas, igual de culpables.
Si te pasa a ti, quiero que sepas que no es tu culpa. Que tu valor como mujer no depende de tu deseo sexual. Y que hay formas de acompañar este proceso con amabilidad hacia ti misma.
Porque al final, lo más importante no es volver a ser quien eras. Es aprender a vivir bien con quien eres ahora.
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