Ashwagandha: la planta adaptógena que me ayudó con el estrés

Estaba hablando con una compañera de trabajo. A mitad de la frase, me quedé en blanco. Totalmente en blanco. No sabía qué estaba diciendo, ni adónde quería llegar, ni siquiera de qué estábamos hablando.
Me quedé ahí, parada, con la boca abierta, intentando recuperar el hilo. No pude. Tuve que reírme y decir "perdona, se me ha ido completamente". Ella sonrió, pero yo me quedé preocupada.
¿Qué me estaba pasando? Yo siempre había tenido buena memoria. Era de las que recordaba detalles, nombres, conversaciones. Y de repente, mi cerebro parecía una pantalla en blanco.
Eso fue mi introducción a la niebla mental. Y no fue la última vez.
No es que te estés volviendo tonta. No es que pierdas la cabeza. No es Alzheimer ni nada parecido.
Es un síntoma cognitivo de la perimenopausia y la menopausia provocado por los cambios hormonales. El estrógeno afecta a funciones cerebrales como la memoria, la concentración, la claridad mental.
Cuando los niveles de estrógeno bajan o fluctúan, el cerebro se resiente. Y aparecen cosas como:
A mí me pasaba todo esto. Y me frustraba muchísimo.
En el trabajo
Estaba en reuniones y de repente me costaba seguir el hilo. Alguien hablaba y yo asentía, pero por dentro estaba en blanco. Tenía que releer correos varias veces para entenderlos. Tardaba más en hacer cosas que antes hacía rápido.
Y lo peor: tenía miedo de que pensaran que no estaba capacitada, que había perdido facultades. Ese miedo me generaba más ansiedad, y la ansiedad empeoraba la niebla mental. Un círculo vicioso.
En conversaciones
Buscaba una palabra y no me salía. "Ese… ese… coso… ya sabes… el que sirve para…" y señalaba con las manos esperando que alguien adivinara. A veces salía la palabra cinco minutos después, cuando ya no la necesitaba.
O peor: olvidaba el nombre de alguien que conocía perfectamente. Gente con la que había hablado mil veces. Me quedaba ahí, intentando recordar, sintiéndome ridícula.
En casa
Iba a la cocina a por algo. Llegaba. ¿Qué venía a buscar? Ni idea. Volvía al salón. Me acordaba. Volvía a la cocina. Y a veces se me olvidaba otra vez de camino.
Dejaba las cosas en sitios absurdos. Las llaves en la nevera. El móvil en el baño. Las gafas en el cajón de la ropa. Y luego las buscaba como loca sin encontrarlas.
No eran los olvidos puntuales. Era la sensación constante de tener la mente espesa. Como si hubiera una niebla literal entre yo y mis pensamientos.
Me costaba más leer. Me distraía a cada rato. Tenía que releer párrafos porque no había procesado lo que acababa de leer.
Me costaba tomar decisiones. Incluso las pequeñas. "¿Qué cenamos hoy?" se convertía en un problema porque mi cerebro no conseguía procesar opciones con claridad.
Y sobre todo, me daba miedo que fuera permanente. Que esto fuera así para siempre.
1. Entender que era hormonal
Esto fue lo más importante. Cuando mi médica me explicó que era un síntoma de la menopausia, no una enfermedad neurológica, me tranquilicé. No me estaba volviendo loca. Era temporal. Mi cerebro estaba adaptándose a los cambios hormonales.
2. Escribirlo todo
Dejé de confiar en mi memoria. Empecé a apuntarlo TODO. Listas, notas en el móvil, recordatorios, agenda. Si era importante, lo escribía. Ya no había vergüenza en ello.
Esto me quitó mucha ansiedad. Porque sabía que aunque se me olvidara, lo tenía apuntado.
3. Dormir mejor
La falta de sueño empeoraba la niebla mental de forma brutal. Los días que dormía mal, mi cerebro estaba completamente apagado.
Empecé a priorizar el sueño. Rutinas, infusiones, todo lo que pudiera para dormir mejor. Y noté diferencia.
4. Moverme más
El ejercicio mejora el flujo sanguíneo al cerebro. Desde que camino regularmente, noto la mente más despejada. No es inmediato, pero sí acumulativo.
5. Reducir el estrés
El estrés empeoraba TODO. Cuando estaba estresada, la niebla mental era peor. Tuve que aprender a parar, a respirar, a no saturarme.
6. Omega-3
Empecé a tomar más alimentos ricos en omega-3: pescado azul, nueces, semillas de lino. También probé un suplemento de omega-3 de buena calidad. Creo que ayudó.
7. Menos multitarea
Antes hacía mil cosas a la vez. Ahora no puedo. Mi cerebro no procesa bien varias cosas simultáneas. Así que aprendí a hacer una cosa cada vez, con atención plena.
Paradójicamente, siendo menos multitarea, soy más eficiente.
8. Aceptar que algunos días son peores que otros
Hay días en los que mi cerebro funciona bien. Y días en los que está espeso y lento. Aprendí a aceptarlo sin luchar contra ello. Los días malos, bajo el ritmo. Los días buenos, aprovecho.
✅ Lo que SÍ ayudó:
❌ Lo que NO ayudó:
La niebla mental es real. No te la estás inventando. No es debilidad mental ni falta de capacidad. Es un síntoma hormonal temporal.
Va a mejorar. Puede que no vuelvas a tener exactamente la misma claridad mental que antes, pero sí mejorará. El cerebro se adapta. Solo necesita tiempo.
Y mientras tanto, puedes hacer cosas para que sea más llevadero. Escribir, descansar, moverte, reducir presión.
Lo más importante: sé amable contigo misma. No te machaques por olvidar cosas. No te compares con tu versión de hace años. Acepta que tu cerebro está pasando por un cambio, igual que el resto de tu cuerpo.
Y que eso no te hace menos válida, menos capaz, ni menos tú.
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