Ashwagandha: la planta adaptógena que me ayudó con el estrés

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  Había días en los que me levantaba ya agotada. No físicamente. Mentalmente. Esa sensación de estar en alerta constante. De que cualquier cosa podía desbordarte. De no poder parar la cabeza ni un segundo. No era ansiedad en el sentido clínico. Era… estrés de fondo. Todo el tiempo. Como un zumbido que no se apagaba. Intenté meditación. Intenté respirar profundo. Intenté "relajarme". Pero no funcionaba. Mi cuerpo estaba en modo alarma permanente. Hasta que una amiga me habló de la ashwagandha. "Es una planta adaptógena", me dijo. "Ayuda al cuerpo a gestionar el estrés". Yo no sabía ni qué era un adaptógeno. Pero estaba dispuesta a probar cualquier cosa. Qué es la ashwagandha La ashwagandha (Withania somnifera) es una planta usada desde hace miles de años en la medicina ayurvédica (India). Se la llama "adaptógeno" porque ayuda al cuerpo a adaptarse al estrés . No es un sedante. No te duerme. Lo que hace es regular tu respuesta al estrés. ...

Cuando tus amigas no entienden por lo que estás pasando

 


Estaba con mis amigas de siempre. Tomando algo, como habíamos hecho mil veces. Y empecé a contarles cómo me sentía: el cansancio, los sofocos, la irritabilidad, el insomnio…

Una de ellas me interrumpió con una sonrisa: "Bueno, pero todavía eres joven para todo eso, ¿no?".

Otra añadió: "A mí mi madre le vino la menopausia a los 55, tú tienes tiempo".

Y la tercera: "Seguro que es estrés. Deberías hacer yoga".

Me quedé callada. Sonreí. Cambié de tema.

Pero por dentro sentí algo que no esperaba: soledad.

Porque mis amigas, las personas con las que siempre había podido hablar de todo, no entendían por lo que estaba pasando. Y no era su culpa. Simplemente, no lo estaban viviendo.

La soledad de que no te entiendan

No es que mis amigas fueran malas personas. No es que no me quisieran. Es que no lo entendían.

Algunas eran más jóvenes y la menopausia les parecía algo lejano.

Otras estaban en otra etapa de la vida y tenían otras preocupaciones.

Y otras simplemente minimizaban lo que me pasaba, como si fuera algo pasajero, algo que se solucionaba con "cuidarte más" o "relajarte".

Pero yo necesitaba que alguien me dijera: "Te entiendo. A mí también me pasa. Esto es duro".

Y no lo encontraba.

Lo que me dolía de verdad

Que minimizaran lo que sentía

"Seguro que no es para tanto". "Todas las mujeres pasan por esto". "Es normal, no te preocupes".

Frases bien intencionadas. Pero que me hacían sentir que estaba exagerando. Que lo que me pasaba no era importante.

Que me dieran consejos sin escuchar

"Haz ejercicio". "Come mejor". "Duerme más".

Como si no lo hubiera intentado ya. Como si la solución fuera tan simple.

Yo no necesitaba consejos. Necesitaba que me escucharan.

Que cambiaran de tema

A veces empezaba a contar algo y rápidamente la conversación derivaba a otro lado.

Como si hablar de menopausia fuera incómodo. Como si no fuera un tema "interesante".

Y yo me quedaba ahí, con mis cosas sin decir, sintiéndome invisible.

Que me hicieran sentir vieja

Alguna comentaba: "Ya te está llegando eso, ¿eh?", con un tono entre broma y lástima.

Como si la menopausia fuera el final de algo. Como si significara que estaba entrando en la vejez.

Y eso dolía.

Lo que hice

1. Buscar otras mujeres que lo estuvieran viviendo

Esto fue lo más importante.

Empecé a buscar espacios (online y offline) donde hubiera mujeres pasando por lo mismo.

Grupos de Facebook, foros, encuentros… lugares donde podía hablar sin sentirme juzgada. Donde podía decir "hoy he tenido cinco sofocos" y alguien respondía "yo siete".

Esa conexión me salvó. Porque por fin me sentía entendida.

2. Elegir con quién hablaba de esto

No todas mis amigas tenían que entenderlo. Y estaba bien.

Aprendí a compartir según con quién estuviera. Con algunas amigas hablaba de otras cosas. Con otras, podía abrirme sobre la menopausia.

No era que unas fueran mejores amigas que otras. Simplemente, cada una podía acompañarme en cosas diferentes.

3. Explicar lo que necesitaba

A veces mis amigas no entendían porque yo no les había explicado bien.

Empecé a ser más clara: "No necesito que me des soluciones. Solo necesito que me escuches".

O: "Esto que me pasa es real. No es estrés. Es hormonal".

Cuando fui más directa, algunas entendieron mejor. No todas, pero algunas sí.

4. Dejar ir algunas relaciones (o al menos distanciarme)

Hubo amigas con las que la distancia se hizo evidente.

No porque dejara de quererlas. Sino porque ya no conectábamos en las cosas importantes. Porque sus vidas iban por un lado y la mía por otro.

Y está bien. Las relaciones cambian. Las personas cambian. Y a veces hay que aceptar que una amistad ya no es lo que era.

5. Rodearme de mujeres que me aportaban

Busqué conscientemente estar más tiempo con mujeres que me entendían, que me hacían sentir bien, que me acompañaban de verdad.

No porque las otras fueran malas. Sino porque necesitaba sentirme apoyada. Y eso solo lo encontraba en ciertos espacios.

Lo que aprendí sobre la amistad en esta etapa

No todas las amigas te van a entender. Y está bien.

No puedes esperar que todas tus amigas estén en la misma etapa que tú. Ni que entiendan lo que vives.

Algunas van a entender. Otras no. Y no pasa nada.

Necesitas diferentes tipos de apoyo

Algunas amigas son buenas para reírte y desconectar. Otras para hablar en profundidad. Otras para hacer cosas juntas.

No todas tienen que dártelo todo. Y tú no tienes que compartir todo con todas.

Está bien buscar nuevas conexiones

No es traicionar a tus amigas de siempre. Es ampliar tu círculo. Buscar personas que estén donde tú estás ahora.

Yo encontré amigas nuevas en esta etapa. Mujeres que entendían sin que tuviera que explicar. Y eso no restó valor a las amistades antiguas. Solo sumó.

A veces la soledad es temporal

Algunas de mis amigas que al principio no me entendían, años después empezaron a vivir lo mismo. Y ahí conectamos de otra forma.

La vida da vueltas. Y lo que hoy no se entiende, mañana puede que sí.

Tienes que comunicar lo que necesitas

Las amigas no leen la mente. Si necesitas algo, dilo.

Si necesitas que te escuchen sin juzgar, dilo. Si necesitas que no te den consejos, dilo. Si necesitas espacio, dilo.

La comunicación clara salva muchas relaciones.

Dónde encontré apoyo real

En mujeres que estaban pasando por lo mismo

Grupos online, encuentros presenciales, conversaciones con mujeres de mi edad o mayores que ya lo habían vivido.

Ahí encontré la empatía que necesitaba.

En mi pareja (cuando aprendió a escuchar)

Al principio mi pareja no entendía nada. Pero cuando le expliqué con calma lo que me pasaba, empezó a entender. Y a acompañarme mejor.

En profesionales (médica, psicóloga)

Hablar con profesionales que conocían el tema me dio validación. Me confirmaron que lo que sentía era real, era normal, y tenía solución.

En mí misma

Aprendí a ser mi propia compañía. A validar mis emociones aunque nadie más lo hiciera. A cuidarme aunque nadie entendiera por qué lo necesitaba.

Lo que les diría a otras mujeres

Si tus amigas no entienden lo que estás viviendo, no estás sola.

Es normal sentirte incomprendida. Es normal sentir soledad aunque estés rodeada de gente.

Pero eso no significa que tengas que quedarte ahí.

Busca. Busca mujeres que lo estén viviendo. Busca espacios donde puedas hablar sin filtros. Busca personas que te entiendan.

Y con tus amigas de siempre, sé paciente. Algunas entenderán con el tiempo. Otras quizás no. Y está bien.

No todas las amigas tienen que estar en todos los momentos de tu vida. Algunas están para unas cosas. Otras para otras.

Y tú tienes derecho a rodearte de quienes te hagan sentir acompañada.

Lo que aprendí

La menopausia me enseñó algo sobre la amistad: que las relaciones cambian, que no todas las amigas pueden darte lo que necesitas, y que está bien buscar nuevas conexiones.

No es que mis amigas de siempre dejaran de importarme. Es que necesitaba otras cosas. Y tuve que buscarlas en otros lugares.

Y eso no me hizo peor amiga. Me hizo más consciente de lo que necesitaba para estar bien.

Porque al final, cuidarte también implica rodearte de personas que te entiendan.

Y si no las tienes cerca, salir a buscarlas.

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